Four Poems by Valerie Mejer Caso

from Edinburgh Notebook, translated from the Spanish by Michelle Gil-Montero

 

BEFORE LIVING

 

Every wall is a door.

Emerson

 

The old Moon was returning. The window was open, my body dead in sleep. She manages to light me from within, slide into the clefts of my brain. She lights the scene, the old Moon, senescent. She returns, I leave. I will be a dark room for her return. I’ll belong to her alone. A dark room, first a motionless girl and then a girl tumbling off a flat roof. It could be a song. A dream of broken bones: moon bones. You know that snow is implicit in the scene, because we’re freezing. Your face, and especially your eyes, surface in space. An orphan constellation that shakes a rattle, this is what I take for your eyes while I dream, motionless. The limping Moon and the orphan constellation are two solitudes and, at the same time, lights and songs soon to exist. First your eyes, then the years of the world and these orphanhoods, I take a breath to mutter something. I leave, and that is why she returns. She comes on that path where she once turned her back to us, and watching how the moon returns, I will demolish the piano, and the dust of its bones will sound mournful, and that possible song will repeat like a canon. Strewn, the dust might become something at night, with neither a father nor mother. And that, whatever it is, will resemble a lament, it will save me. This is my suspicion, as the wetness of its luminescence cuts little creeks through my unknown lands.  

 

                         

ANTES DE VIVIR

 

Every wall is a door.

Emerson

 

La vieja Luna volvía. La ventana estaba abierta y mi cuerpo muerto en el sueño. Ella consigue alumbrar dentro, escurrirse en las grietas de mi cerebro. Ilumina la escena, la vieja Luna tan vieja. Ella vuelve, yo parto. Yo seré un cuarto oscuro para que vuelva. Seré sólo de ella. Un cuarto oscuro, una niña primero inmóvil y más tarde una niña que cae de una azotea. Podría ser una canción. Un sueño de huesos rotos, de huesos luna. Tú sabes que la nieve está implícita en la escena porque nos estamos helando. Tu cara y en especial tus ojos se asoman al espacio. Una constelación huérfana que hace el ruido de una sonaja, eso pienso que son tus ojos mientras sueño inmóvil. La Luna renguea y la constelación huérfana son dos soledades y por lo mismo luces y canciones por existir. Primero tus ojos, luego los años del mundo y de estas orfandades tomo la respiración para murmurar algo. Yo me voy y por eso ella vuelve. Viene llegando por el mismo sendero por el que nos dio la espalda y mirando cómo la Luna regresa destrozaré el piano y el polvo de sus huesos sonará triste y esa posible canción será reiterativa como un canon. Esparcido el polvo será algo en la noche, sin padre ni madre. Eso, lo que sea que eso sea, sonará como un lamento, me salvará. Esto intuyo mientras el agua de su luminiscencia construye riachuelos mínimos en mis tierras desconocidas.

 

 

BEFORE OPENING THE CAGES                                     

 

Your hands enter through the crack of the door. Your hands, the hands of all of you, your little hands when you were children, your hands oneF day ago. There is a glimpse of the long camel tongue that, on the horizon, grazes the final hour. The sun will set, and it will free the birds. Now it waits for the wolves to finish their meat. The rabbits in the cage huddle fearfully, forming a cloud. Everything is sad and funny, even this, which takes place far from the drying seas and the iodine-stained cliffs. It is a suburb upholstered with cables. A mountain of broken guitars waiting in the waste to be hauled to another waste. The monster has made his home behind them. It’s not really a house; it’s pretend. I had a house just like it once, in the silvery city, crossed by salty streets, and at night baby bats shrieked like the wolves howling now.  At that time, she was waiting for the birds to be freed, as children do in Istanbul: to celebrate something forgotten. Here is where you have to wait, and over there too, and even inside of what used to be the sea, its great pit that filled with snow on your page and that you, my friend, managed to cross with your little sister by the hand, one day later. While you all waited, other wolves lingered forever in the flesh of fresh cadavers.

 

 

ANTES DE ABRIR LAS JAULAS                                                                    

 

Entran sus manos por el resquicio de la puerta. Sus manos, las de ustedes, sus manitas de cuando eran niños, sus manitas del día anterior. Por ahí se vislumbra la larga lengua de camello que en el horizonte roza la hora final. Va a caer el sol y ella va a liberar a los pájaros. Ahora aguarda a que los lobos se terminen la carne. Los conejos de la jaula se apilan por miedo haciendo una nube. Todo es triste y gracioso, también esto, que ocurre lejos de mares que se secan y acantilados teñidos de yodo. Es un suburbio tapizado de cables. Una montaña de guitarras rotas esperan en el baldío a ser llevadas a otro baldío. El monstruo ha hecho su casa detrás de ellas. No es una casa en realidad, es imaginaria. Yo tuve una casa igual en la ciudad plateada, donde recorría las calles salinas y donde por la noche las crías de murciélagos chillaban como ahora aúllan los lobos. También entonces esperaba para liberar a los pájaros como lo hacen los niños en Estambul: para celebrar algo olvidado. Aquí hay que esperar, allá también y aún dentro del que era el mar, en su gran cuenca vacía que se llenó de nieve en tu página y que tú, amigo mío, alcanzaste a cruzar de la mano de tu hermanita, aquel día después. Mientras ustedes esperaban, otros lobos se demoraban una eternidad en la carne de los cadáveres recientes.  

 

 

ABENDSTERN

 

The ice shatters into such masses, it seems equally free of molecular bonds and of those owing to emotions. In reality everything is bound. Knots of air spear one thing to another with their teeth, copula to chalice, hill to wave. A man who would years later be my friend has left his house, and before he is visible only from behind, fish rained down from the violence of his mouth. He chose the road that climbs and spins in an ellipse. Mercury, Venus, planets of my childhood, listen to this: I loved him before I knew tenderness. I loved them when I found them in a book, while all the crystal in my house shattered, as the glaciers crashed against their sister water. A film based on a true story can be reversed, its gestures repeated: to watch it mimics intimacy. In real life, the raucous harmony of Abendstern is the subject of my film. The first song I learned was also sung to me in German, in it, I was a rider doomed to fall. Although Stern is star, it is also the real name for the word soul. Nobody knows that, so I need to write it. In my real life, I heard “the evening star” with Luz, my copyist grandmother. It happened in a room where the light traveled in ovals and locked you in an egg. There two doves, one old, dying, and another, young, that wanted to die, listened to the snowmelt, its fearsome musical crack, the tired bones of the day that, breaking, reveal the first star. Once I finish writing this, I’ll gallop from orbit to orbit, on the Avenida República, at the poet’s side. I still write to remember that, one twilight, he escaped from the belly of a boat and ran from town to town, and survived. The diamantine trace of his flight is still visible.

This page is for him, in celebration of his book and his wedding.

 

 

ABENDSTERN

 

El hielo se destroza en masas tales que parece libre tanto de ataduras moleculares como de aquellas que pudieran ser atribuidas a los sentimientos. En realidad todo está atado, nudos de aire perforan con sus dientes cosa a cosa, la cópula al cáliz, la loma a la ola. Un hombre que años más tarde será amigo mío ha salido de su casa y antes de que sólo se le vea de espaldas unos peces cayeron por violencia de su boca. El camino que sube y gira en elipse es el que ha tomado. Mercurio, Venus, planetas de mi infancia, escuchen esto: yo lo quise antes de conocer la ternura. Yo los quise cuando los vi en un libro mientras estallaban los cristales de mi casa, cuando los glaciares se rompían contra la hermana agua. Una película basada en un historia verdadera puede ser revertida, los gestos repetidos: mirarlos imita la intimidad. En la vida real la ronca armonía de Abendstern es el tema de mí película. La primera canción que conocí también me fue cantada en alemán, en ella yo era un jinete destinado a caer. Aunque Stern es estrella, es también el verdadero nombre para la palabra alma. Nadie lo sabe, por eso tengo que escribirlo. En mi vida real escuche “la estrella de la tarde” con Luz, la abuela copista. Ocurrió en un salón donde la luz se desplazaba en óvalos y te encerraba en un huevo. Ahí dos palomas, una vieja, por morir y otra joven que quería morir, escuchaban el deshielo, su musical y temible quebradura, los agotados huesos del día que al romperse revelaban a la primera estrella. En cuanto termine de escribir esto voy a galopar de órbita en órbita, por la Avenida República, al lado del poeta. Aún escribo para recordar que en un crepúsculo escapó del vientre de un barco y corrió de un pueblo a otro logrando sobrevivir. Aún se ve el trazo diamantino de su huída.

Esta página es para él, para celebrar su libro y su boda.

 

 

BREAD, MIRROR, AND LANDSCAPE: THREE LETTERS        

 

For the elements changed places with one another, as on a harp the strings vary the character of the music, while preserving the same tone.

Metamorphosis of Creation, Wisdom of Solomon, 19:18

 

            Wind at the window. I, as witness to the platinum shine of branches that bend, to fate hovering. They’re screening paradise at the movies now (maybe I’ll see you, and we can go together). Palm trees in a row, the public, the bones, huddled at a funeral Mass or baptism. With any luck, an olive leaf. Suck air and consider that life sometimes forgives and lets us gaze at mountains, sip soup at the same table.

           In snow or shine, we are made of corn.

           They left. Right now I’m encircled by the spring water, air, and caesalpinia that also surrounded him. The site seems drained of something; these are already portraits of things, not the things themselves. It is because they left. Bamboo stakes thrust up, and their crests make a bird sound. Shoulder to shoulder, the branches scuffle, and that intensifies his absence. As if it were Sunday: only the bread is self-possessed. And it is also yours. It has always been the same. I don’t hear the song on a faraway radio because, like I said, the bamboos have unleashed their crests. This is hurricane territory. It’s the gulf. Nobody here has body. Like me. You do have a body, and a girlfriend: two blue fish. Under the caesalpinia, I look at the bread, I sniff it. When I think of you, I think of tons of stacked wheat. Then I see your hand trembling, I see your country in a mirror.

He went to Bethany after saying “From the mouth of infants and nursing babes, you have perfected praise.” The space he left is a snowy landscape. On a rowdy street, where the noise invoked the color scarlet, I saw, straight from your mouth, the words of Revelations. The cobblestone streets resembled a primitive thought. He appears in the window, a hundred eyes. He went to Bethany, the horse’s mane billowed in the wind. Now he clutches a scarlet world, serenely, in a painting at the museum. He is the sound of a broom in a church. Now, you’re in the mirror of your country. Wounded with blue. You watch the passing clouds, full of the keen cries of newborns. They contain their hunger. The fig tree of heaven is still dry. His mother’s breast resides in the world. Her milk, in the snow. His mother eats the bread outside the window. The snow-shovelers left, but my heart gathered the speed to keep beating. I remember the page, “you will love with your whole mind.” And as I look at the snow, I know that my mind is a landscape in the Gulf, a landscape where the houses are bread crumbled by hurricanes. Hurricanes with children’s names. On the horizon, the pink line of flamingoes breaks. He has returned from Bethany, the fig tree is still dry, in the village. The smell of bakeries floods the streets, dogs bark at each other, from their rooftops. Blue turns scarlet, and in its cobalt tone, I picture your wounds. I picture them with my mind. With my whole mind.

                    

 

PAN, ESPEJO Y PAISAJE: TRES CARTAS  

 

Los elementos de la naturaleza se intercambiaban sus propiedades, lo mismo que en un arpa las cuerdas cambian el carácter de la música siguiendo el mismo tono.

Metamorfosis de la creación, Libro de la Sabiduría, 19:18

          El viento tras la ventana. Yo como testigo del brillo platinado de las ramas que se doblan, del destino que espera. El paraíso se proyecta en el cine ahora mismo (tal vez te vea y vayamos juntos). Las palmeras en línea, el público, los huesos, reunidos en una misa fúnebre o en un bautismo.  Ojalá, hoja de olivo. Jala aire y toma en cuenta que la vida a veces nos perdona y nos permite mirar montañas, tomar sopa en la misma mesa.

          En nieve o en sol, somos de maíz.

           Ya se fueron, ahora mismo me rodea el manantial, el aire, y los tabachines que también estuvieron en torno suyo. El sitio parece vaciado de algo, son ya retratos de cosas y no las cosas. Es porque se han ido. Las estacas de bambú se estiran y sus crestas hacen un ruido de pájaros. Hombro a hombro se rozan las ramas y eso intensifica su ausencia. Es como si fuera domingo: sólo el pan está lleno de sí mismo. Y también es tuyo. Siempre ha sido el mismo. Yo no oigo la canción de una radio remota porque como te digo las crestas de los bambús están desatadas. Este es un territorio de huracanes. Es el golfo. Nadie aquí tiene cuerpo. Como yo. Tú sí tienes cuerpo y una novia como dos peces azules. Abajo del tabachín miro el pan, lo huelo. Cuando pienso en ti, pienso en un montón de trigo apilado. Entonces veo tu mano que tiembla, veo tu país en un espejo.   

Se fue a Betania tras decir “de la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza”. El espacio que dejó es un paisaje nevado.  En una calle bulliciosa donde el ruido evocaba el color escarlata vi salir de tu boca palabras del Apocalipsis. Las calles de piedra parecían un pensamiento primitivo. Se asoma a la ventana un ciento de ojos. Se fue a Betania, le ondeaba la mata de cabello al viento. Ahora sostiene un mundo escarlata, serenamente, en una pintura del museo. Él es el ruido de una escoba en una iglesia. Tú estás ahora en el espejo de tu país. Herido de azul. Miras pasar las nubes bruscas que contienen llantos de recién nacidos. Retienen su hambre. La higuera del cielo sigue seca. El pecho de su madre está en el mundo. Su leche en la nieve. La madre come pan afuera de tu ventana. Los que paleaban la nieve se han ido, pero mi corazón alcanzó a ganar tanto ritmo como para seguir latiendo. Recuerdo la página, “amarás con toda tu mente”. Y mientras miro nevar sé que la mente es un paisaje en el Golfo, un paisaje  donde las casas de pan son desmigajadas por huracanes. Huracanes con nombres de niño. En su horizonte se quiebra la línea rosa de los flamingos. Él ha vuelto de Betania, la higuera sigue seca, en la aldea el olor de las panaderías inunda las calles, los perros se ladran entre sí, desde sus azoteas. El azul desplaza al escarlata y en su tono cobalto yo imagino tus heridas. Las imagino con la mente. Con toda mi mente.